Mujeres, automatización y robótica industrial: una cuestión de justicia, competitividad y futuro

6 de marzo de 2026 0

Cada aniversario del 8 de marzo se convierte en una ocasión para reflexionar sobre los avances y las brechas existentes en la participación de mujeres en los ámbitos científico-técnicos. En especial, en sectores de alta tecnología como la automatización y la robótica industrial, donde la innovación y el desarrollo de talento intensivo son claves para la competitividad económica. Aquí, la participación real de las mujeres sigue siendo menor de lo que la sociedad y el mercado laboral necesitan, lo que plantea interrogantes sobre equidad, eficiencia y sostenibilidad.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, junto a AER Automation, hemos querido complementar este análisis con la experiencia y visión de cuatro profesionales del sector, que han respondido a cuatro preguntas comunes desde responsabilidades y perspectivas distintas:

Mujeres, automatización y robótica industrial

Y es que los datos más recientes revelan una imagen compleja: mientras que las mujeres representan una proporción significativa del total de estudiantes universitarias, esa presencia no se traslada de forma proporcional a las disciplinas técnico-científicas de mayor valor añadido. En España, por ejemplo, alrededor del 34 % del alumnado de carreras STEM era mujer en el curso 2022-2023, según un análisis de tendencias en educación que sintetiza datos oficiales de matrícula. Dentro de las ingenierías relacionadas con industria y construcción, la participación femenina creció del 29 % al 32 % entre 2019-2020 y 2023-2024, aunque continúa siendo minoritaria frente a sus compañeros hombres.

Cifras que contrastan con la proporción general de mujeres en educación superior —superior al 50 % en muchos países europeos— y evidencian cómo ciertas disciplinas siguen siendo zonas de exclusión educativa persistente. El informe Women in STEM: From Basic Education to the Professional Career del centro de estudios EsadeEcPol subraya que, pese a los esfuerzos por impulsar vocaciones científicas entre niñas y adolescentes, solo el 5,5 % de las mujeres ocupadas en España trabajaba en un puesto STEM al final de 2022, frente al 13 % de los hombres.

Una brecha que también se traduce en contratación y empleo donde, según un informe de UGT FICA, las mujeres representan alrededor del 27,25 % de la ocupación STEM en España (477.100 profesionales), aunque solo el 4,8 % del total de mujeres ocupadas trabajan en estas profesiones. Además, la brecha de género entre hombres y mujeres en condiciones equivalentes de empleo STEM persiste en varios puntos porcentuales, lo que indica que el desafío es tanto cuantitativo como cualitativo.

“En entornos industriales altamente tecnológicos, la presencia femenina sigue siendo minoritaria, especialmente en posiciones técnicas muy especializadas como programación de PLCs, integración de sistemas robotizados o ingeniería de control. En reuniones técnicas de proyecto, visitas a planta o puestas en marcha, lo habitual sigue siendo que la mayoría de los perfiles sean masculinos” afirma Marina Valero: Industry Business Manager de Exceltic.

“Sin embargo, donde más percibo la brecha no es solo en los perfiles técnicos, sino en los niveles de liderazgo técnico y dirección industrial. A medida que aumentan las responsabilidades estratégicas —dirección de operaciones, responsables de automatización, dirección de ingeniería o posiciones de decisión en plantas industriales— la representación femenina disminuye aún más.

Curiosamente, en áreas como gestión de proyectos, coordinación o desarrollo de negocio industrial empieza a verse una mayor presencia femenina, aunque todavía lejos de la paridad. Esto demuestra que el talento está, pero el acceso a determinadas posiciones técnicas y de liderazgo aún necesita impulso estructural.

Creo que el reto ya no es únicamente atraer más mujeres a carreras STEM, sino garantizar que tengan continuidad, visibilidad y oportunidades reales de crecimiento dentro del sector industrial y tecnológico” concluye Valero.

En esa línea, Valero apunta tres palancas concretas para acelerar el avance: visibilidad (referentes reales en posiciones técnicas y estratégicas), acompañamiento (mentoring y planes de desarrollo claros) y cultura empresarial (valorar el talento por capacidad y resultados, no por encajar en un modelo tradicional de liderazgo industrial).

Un avance insuficiente hacia la paridad en la industria robótica

Si la educación STEM refleja brechas importantes, la situación en el sector de la automatización y la robótica industrial es aún más desafiante. En Europa, los datos desagregados por género muestran que, aunque la brecha global de empleo entre hombres y mujeres ha reducido en los últimos años dentro del conjunto de la economía, esta mejora no se ha traducido de forma equivalente en todos los sectores productivos. En el sector manufacturero —que incluye producción industrial automatizada y robótica— solo el 22,4 % de las ingenieras y científicas son mujeres, una proporción significativamente menor que en servicios o actividades no industriales.

La International Federation of Robotics (IFR), organización internacional que reúne a fabricantes e integradores de robots industriales, ha destacado que la brecha de género en la industria tecnológica avanzada sigue siendo considerable, incluso cuando el mercado laboral general tiende a equilibrarse. Lo que esos datos muestran es, por un lado, que la industria reconoce la necesidad de visibilizar referentes femeninos para inspirar a nuevas generaciones; pero por otro, que este reconocimiento aún responde a un contexto donde la participación femenina efectiva en roles técnicos y de ingeniería de alto nivel es minoritaria.

Este contraste se ve también cuando se analizan cifras de empleo y capacitación tecnológica. Un informe gubernamental español sobre habilidades digitales indica que solo el 17,5 % de la población ocupada con formación STEM eran mujeres en 2023, lo que supone un total de 80.800 mujeres con esas competencias frente a una proporción mayoritaria masculina en el mismo segmento. Además, en especialidades tecnológicas punteras como IA y ciberseguridad la presencia femenina es aún menor: solo 23 % en inteligencia artificial, 6,4 % en ciencia de datos y aprendizaje automático y 4,4 % en ciberseguridad.

En palabras de Esther Borao, directora general del ITA (Instituto Tecnológico de Aragón): “desde mi experiencia, en el ámbito de la robótica y la automatización industrial, la cifra inferior al 25% refleja bastante bien la realidad, especialmente en los perfiles técnicos más vinculados a ingeniería informática, electrónica o mecatrónica. Donde más se percibe la brecha es en los perfiles técnicos de base y, posteriormente, estos datos bajan en los puestos de dirección técnica y estratégica. Existe una doble brecha: primero en el acceso y después en la progresión hacia posiciones de liderazgo tecnológico, ya que de primeras ya no hay muchas mujeres. Pero el problema real de todo esto es quién está diseñando el futuro. Necesitamos miradas diversas a la hora de crear soluciones a los retos que tenemos, tanto a nivel empresarial, como a nivel de sociedad. Si no el sector está perdiendo talento, creatividad y soluciones más diversas.”

Borao añade que el reto empieza “mucho antes de la universidad”: cambiar el relato para que la robótica y la automatización se perciban también como creatividad, visión sistémica, impacto social y sostenibilidad; y reforzar referentes cercanas desde edades tempranas para que más niñas se identifiquen con la tecnología.

El valor añadido y las ventajas competitivas de una mayor presencia femeninas en el sector de la automatización y robótica

Más allá de las cifras y la equidad, las discusiones sobre género en sectores de alta tecnología están cada vez más ligadas a argumentos de competitividad y eficiencia organizacional. La diversidad de perspectivas en equipos de ingeniería y desarrollo no es solo un valor social, sino una ventaja competitiva demostrada. Diferentes análisis de mercado señalan que equipos diversos tienen mayores capacidades para innovar, anticipar fallos y diseñar soluciones centradas en una gama más amplia de usuarios y escenarios productivos.

En proyectos complejos de automatización, la integración de conocimiento técnico heterogéneo —sea por género, experiencia o formación académica— facilita la resolución de problemas que requieren entendimiento profundo de múltiples sistemas: mecánicos, eléctricos, digitales y humanos. Esto es especialmente relevante en tecnologías emergentes como la robótica colaborativa, donde la interacción entre humanos y máquinas exige sensibilidad hacia factores ergonómicos, de seguridad y operativos que no siempre emergen en equipos homogeneizados.

Además, para cualquier país o región industrializada es crítico ampliar la base de talento disponible en disciplinas STEM. Las proyecciones de mercado laboral europeo muestran que sectores avanzados, incluidos la automatización, la IA industrial y la robótica, demandarán millones de profesionales en la próxima década. El aprovechamiento pleno del talento femenino, por tanto, no es una cuestión opcional sino una necesidad estructural para sostener la competitividad a largo plazo.

“Creo que el futuro de la robótica y la automatización ya está destinado a ser más diverso porque el propio mercado la está transformando en una disciplina más abierta, más digital y más presente en múltiples sectores. La robótica y la automatización están dejando de ser percibidas exclusivamente como maquinaria y hardware para convertirse en disciplinas donde el software, los datos, los algoritmos y la integración con las personas tienen un peso creciente. Eso cambia el tipo de perfiles que participan en el sector. Hoy hablamos de competencias digitales, análisis de datos, diseño de procesos, experiencia de usuario y gestión tecnológica, además de la ingeniería clásica. Esa evolución amplía naturalmente el espectro de talento que puede sentirse atraído por la automatización. No creo que sea un cambio inmediato ni forzado. Es más bien una consecuencia lógica del desarrollo del mercado” afirma Mar Masulli: CEO de BitMetrics.

Masulli enmarca esta evolución con una idea visual: durante décadas, los robots trabajaban “a puerta cerrada” en células industriales poco visibles; hoy, en cambio, la robótica “sale de las fábricas” y se hace más visible, interactiva y transversal en múltiples entornos, lo que también amplía el efecto llamada hacia nuevos perfiles.

Equidad, competitividad y transformación industrial

Por todo ello, es evidente cómo narrativa de la participación femenina en la automatización y la robótica industrial es, hoy en día, una historia con avances, pero con retos todavía profundos. La presencia de mujeres en educación STEM ha crecido, aunque sigue siendo minoritaria en comparación con su representación total en educación superior y en la fuerza laboral. Ese desequilibrio se amplía aún más cuando se observa la contratación de mujeres en sectores industriales de alta tecnología y en roles técnicos de ingeniería avanzada. La industria manufacturera y la robótica industrial —como muestra el porcentaje de ingenieras y científicas en Europa— reflejan la persistencia de barreras estructurales a pesar de los esfuerzos de visibilización y reconocimiento.

No obstante, también existe un consenso emergente entre economistas, empresas y organismos internacionales: impulsar la presencia femenina en estos campos no solo beneficia la justicia social, sino que es esencial para enfrentar retos tecnológicos y demográficos. Esto implica invertir en orientación educativa temprana, eliminar estereotipos de género desde la infancia y promover políticas de empresa que faciliten trayectorias técnicas para las mujeres.

Conclusión que comparte Gisela Solé, HR Manager en KUKA Iberia, y colider de la comisión de igualdad de la AER Automation “El mayor reto para aumentar la presencia femenina en robótica y automatización está en romper los estereotipos que hacen que muchas chicas ni siquiera consideren estudiar STEM. Faltan referentes visibles, entornos más diversos y experiencias formativas que las hagan sentirse parte del sector. En el fondo, no se trata solo de atraer talento femenino, sino de asegurar que todo el recorrido —desde la educación hasta el desarrollo profesional— sea inclusivo y motivador”

Solé añade que, “desgraciadamente, esas cifras son reales a fecha de hoy” y que la brecha se aprecia especialmente en perfiles técnicos; y aunque la Industria 4.0 abre oportunidades con perfiles más híbridos y digitales, el avance seguirá siendo limitado si no va acompañado de una transformación cultural real dentro de las organizaciones.

El 8 de marzo sirve para recordar que la transformación hacia una industria verdaderamente inclusiva no se logra únicamente con discursos, sino con medidas estructurales que integren talento, diversidad y visión estratégica. La robótica y la automatización —como ejes del futuro industrial— necesitan aprovechar esa enorme reserva de talento que las mujeres representan, no como complemento, sino como parte esencial de la innovación y la competitividad industrial.

Redacción
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