Jordi Pelegrí (Teradyne Robotics): «La IA física es la herramienta definitiva para que la pyme sea escalable y competitiva»

18 de mayo de 2026 0

En el marco de Advanced Factories, donde la innovación industrial se manifiesta en cada rincón, tuvimos el privilegio de conversar extensamente con Jordi Pelegrí, Country Manager de Teradyne Robotics para España y Portugal. Esta entrevista se convirtió en una profunda reflexión sobre cómo la IA física y la robótica colaborativa están redefiniendo no solo la productividad, sino el tejido mismo de la pequeña y mediana empresa en la península ibérica.

Jordi Pelegrí (Teradyne Robotics)

La IA física: Más allá de los algoritmos, una utilidad tangible

Para Pelegrí, la inteligencia artificial no es un concepto etéreo destinado a quedarse en las oficinas; su verdadera revolución ocurre cuando se vuelve «física». Explica que, aunque la IA es una tendencia presente en nuestro día a día, en la industria su aplicación tiene un objetivo muy concreto: encontrar nuevas utilidades para entornos productivos que permitan «incrementar nuestra productividad o buscar mejoras ergonómicas para los operarios».

Esta transición supone un cambio de paradigma respecto a la automatización industrial tradicional. Ya no se trata únicamente de programar movimientos rígidos en una línea de montaje, sino de dotar a las máquinas de herramientas que les permitan interpretar su entorno de manera mucho más orgánica. Según Jordi, estamos pasando de un escenario de programación estricta a uno de comunicación funcional, donde el robot deja de ser un ejecutor ciego para convertirse en un colaborador inteligente.

Del lenguaje natural al «bin picking» avanzado

Uno de los avances más disruptivos que destaca Pelegrí es la capacidad de interactuar con las máquinas mediante lenguaje natural. En aplicaciones críticas como el machine tending (la alimentación de máquinas herramienta), la tecnología actual permite que el operario se comunique con el robot de forma escrita o hablada. «Que yo le explique al robot lo que tiene que hacer y el robot interpretará y hará», resume Jordi con sencillez, subrayando que esta capacidad de interpretación elimina barreras técnicas que antes parecían insalvables.

Sin embargo, la inteligencia no solo reside en la palabra, sino también en la visión. Pelegrí pone especial énfasis en cómo la IA integrada en los sistemas de visión está resolviendo retos históricos de la robótica, como la «cogida de piezas en caótico» o bin picking. Gracias a algoritmos avanzados, los robots pueden ahora identificar y manipular objetos dispuestos de forma desordenada en un contenedor, realizando la tarea de una «forma mucho más natural» que con los métodos de programación anteriores, que resultaban extremadamente difíciles de configurar para este tipo de escenarios.

Adiós a la «caja negra»: El diseño centrado en el humano

Un pilar fundamental en la filosofía de Teradyne Robotics —que engloba Universal Robots y Mobile Industrial Robots (MiR)— es la facilidad de uso. Pelegrí insiste en que sus soluciones no deben ser percibidas como productos «ni estancos, ni una caja negra», donde el cliente se sienta perdido o dependiente de expertos externos para cualquier modificación. Para él, el éxito de la tecnología radica en que el usuario final, ya sea a un nivel técnico bajo o alto, sea capaz de entender y trabajar con el equipo de forma autónoma.

Esta visión se materializa en lanzamientos como el MiR 1200 Pallet Jack. Jordi explica que este equipo traslada la simplicidad característica de sus robots de menor carga a la intralogística pesada, encargándose de la salida de palés y su transporte al almacén con una funcionalidad intuitiva. Pero hay un detalle de diseño que Pelegrí resalta como ejemplo de esta accesibilidad: la inclusión de un «timón» o palanca física.

La propuesta de Universal Robots y MiR en Advanced Factories

Este elemento permite que un operario interactúe físicamente con la máquina. «Igual no sé programarla, pero si tengo cualquier tipo de incidencia… seré capaz de moverla o, en un caso hipotético, incluso hacerlo de forma manual», señala Jordi. El objetivo final es ambicioso pero claro: que el trabajador no vea al robot como un elemento «muy ajeno a su conocimiento», sino como una herramienta que puede controlar y comprender.

El mito de la fábrica vacía y el valor de la personalización

Al abordar la tendencia hacia la automatización total, Pelegrí ofrece una visión equilibrada y realista. Si bien admite que existen conceptos como las Dark Kitchens o fábricas que trabajan a oscuras, sostiene que esto es viable principalmente en procesos que no aportan un valor añadido directo o que son puramente repetitivos. No obstante, el factor humano recupera todo su peso cuando entra en juego la personalización.

Jordi pone un ejemplo cotidiano: si un cliente solicita un cambio en las dimensiones de una caja o requiere un embalaje específico de un color determinado para el lineal de un supermercado, es ahí donde el operario es indispensable. En lugar de una sustitución masiva, Pelegrí prefiere hablar de un «cambio de las funciones que tiene un operario en planta», donde el robot asume las tareas pesadas y ergonómicamente deficientes, permitiendo que el humano se enfoque en la gestión y la adaptación del producto.

La revolución de las «apps» industriales

Para explicar la complejidad técnica de forma sencilla, Pelegrí recurre a una analogía con la industria de los smartphones. Recuerda cómo antes dispositivos como los GPS específicos o las cámaras digitales eran negocios independientes y especializados. Con la llegada de los smartphones y, sobre todo, de una robusta industria de apps de software, todas esas funciones se integraron y se volvieron accesibles para el gran público de forma sencilla.

Esta misma transición es la que, según Jordi, está ocurriendo en la robótica. Se está creando un ecosistema de software y aplicaciones que permite que funciones complejas, como la navegación de un robot móvil o la visión artificial, se integren de manera tan fluida que el usuario no necesite ser un experto en cada una de esas materias.

«Learning by doing»: Una formación sin miedo al error

Teradyne Robotics está atacando frontalmente la barrera del desconocimiento mediante una apuesta decidida por la educación. Pelegrí destaca la importancia de colaborar con centros de Formación Profesional, universidades y centros de I+D para que la tecnología esté presente desde la base. Además, han desarrollado plataformas de formación online que permiten a cualquier usuario familiarizarse con los equipos.

Pero quizás el cambio más profundo que destaca Jordi es el concepto de «learning by doing» (aprender haciendo), facilitado por la propia naturaleza de la robótica colaborativa. Antiguamente, un error de programación en un robot industrial podía suponer una rotura costosa o un accidente; hoy, estos robots están diseñados para detenerse ante cualquier anomalía o resistencia. «Si yo me equivoco programando un robot… no pasa nada porque el robot se para», explica Pelegrí, subrayando cómo esta seguridad intrínseca elimina el miedo del operario a experimentar y aprender con la máquina.

La encrucijada de la pyme en España y Portugal

Como responsable de la región, Pelegrí valora muy positivamente la capacidad de innovación del mercado en la península. Sectores como el alimentario, el farmacéutico y la intralogística están liderando la adopción tecnológica. Sin embargo, su mensaje más potente se dirige a la pequeña y mediana empresa.

Jordi es contundente: la automatización ya no es un lujo reservado para las grandes corporaciones. «Hace 15 años, estas tecnologías no estaban al alcance de una pequeña o mediana empresa, y hoy en día sí», afirma. En un entorno globalizado y ferozmente competitivo, Pelegrí considera que la robótica y la IA son las «armas» necesarias para que una pyme pueda ser escalable y productiva.

Para él, la alternativa a no sumarse a esta transformación es prácticamente inexistente si se desea competir en niveles de productividad aceptables. «O te sumas a esto o realmente no sé cuál es la alternativa», concluye Jordi Pelegrí, dejando claro que el futuro de la industria pasa por una colaboración estrecha, natural y segura entre humanos y máquinas, donde la tecnología sea un facilitador y no una barrera. En este nuevo escenario, la competitividad de las empresas —que casi siempre empiezan siendo una pyme— dependerá de su capacidad para utilizar estas herramientas para crecer y escalar en un mercado cada vez más exigente.

Redacción
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